¿Son los PIGOs los nuevos POGOs?

La industria del juego offshore de Filipinas se ha cerrado recientemente. Conocidas como POGOs (Philippine Offshore Gaming Operators), estas empresas estaban vinculadas al crimen, la corrupción y los impuestos impagados. Ahora, el gobierno está centrando su atención en otra parte del sector: los PIGOs (Philippine Inland Gaming Operators). El presidente del Senado, Francis Escudero, pide un examen más detallado de estos operadores presenciales. ¿Podrían los PIGOs ser los nuevos POGOs?
Los POGOs sí generaban ingresos
Los POGOs generaban mucho dinero, pero también grandes problemas. Estaban dirigidos sobre todo a jugadores fuera de Filipinas. Muchos operaban en la sombra, lo que dio lugar a problemas relacionados con actividades ilegales. Cuando el gobierno finalmente los prohibió, la decisión contó con un amplio respaldo. Pero algunos temen que los PIGOs puedan causar problemas similares. Estos operadores internos permiten que los residentes filipinos jueguen online. A diferencia de los POGOs, atienden a jugadores locales, pero ¿son realmente más seguros?
Filipinas introdujo los PIGOs en 2020, permitiendo que los casinos físicos ofrecieran juego online. El objetivo era aumentar los ingresos durante la pandemia. Pero Escudero y otros temen que los PIGOs puedan ser tan arriesgados como los POGOs. ¿Podrían provocar juego problemático? ¿Están pagando los impuestos correctos? ¿Y cuentan con suficiente regulación? Estas son las preguntas clave que se están planteando ahora.
Tienen similitudes
La comparación entre POGOs y PIGOs tiene sentido. Ambos operan en el ámbito online. Ambos implican grandes sumas de dinero. Y ambos necesitan una supervisión estricta para evitar el fraude y el delito. Si actores malintencionados pudieron aprovecharse de los POGOs, ¿qué les impide hacer lo mismo con los PIGOs?
La llamada de Escudero a revisar la situación sugiere que podrían venir cambios. Filipinas quiere una industria del juego sólida y responsable. Pero si los PIGOs se convierten en una repetición de los POGOs, podrían correr la misma suerte: ser prohibidos y cerrados. Por ahora, el futuro de los PIGOs sigue siendo incierto. El gobierno debe decidir si forman parte del problema o de la solución.
